No siempre es fácil mantener la sonrisa.
Hay días que me cuesta verdaderos esfuerzos.
Una cosa que he aprendido con el tiempo es a
compartimentar mi vida. Me explico... Me la imagino como una estantería llena de archivadores dónde voy guardando las distintas facetas de mi vida con sus correspondientes estados de ánimo. Por lo que si una faceta está un poco coja no pasa nada, están las demás para apoyarla y solaparla. Como casi siempre las demás son mayoría, 'ganan' y continúo sonriendo.
Pero hay veces, pocas, que cuando intento ordenar mis sentimientos y
archivarlos, no quieren, se rebelan y se escapan de su carpeta para mezclarse con los demás ¡y se va todo al traste! Y es entonces cuando me cuesta
sonreír...
Para ésto me he buscado otros métodos de 'rápida recuperación'. Hay que tener siempre uno a mano
dependiendo del motivo del disgusto. Hay veces que me basta pensar en algo bueno y divertido. Otras tengo que llamar a una amiga y desahogarme. O hacer deporte. Otros días, como ayer, salgo, me voy al cine, a cenar, me distraigo. Estar ocupada hace que después pueda poner las cosas en perspectiva. Y es verdad que vistos en la distancia, la mayoría de los problemas al final ya no lo son tanto.
Así que ¡hoy vuelvo a
sonreír!