Estos días hace un año que Celia llegó a nosotros. Bueno, a sus padres principalmente, pero de rebote a toda la urbanización, porque de alguna forma ha sido ‘adoptada’ por todos y cada uno de nosotros, todos la sentimos parte nuestra.
Celia es china y tiene 5 años. Hace un año, cuando llegó a Madrid, era un ratoncito asustado, con grandes ojos expresivos que lo observaban todo, ojos tristes, ojos con un ligero tinte de miedo, ojos despiertos y alertas. No comía, devoraba, no lloraba, berreaba, pero ya había aprendido a reírse y su risa siempre ha sido cautivadora. Y ahora, un año después, lo que más hace es reírse. Ya habla español, entiende y se hace entender perfectamente, y tiene unas expresiones castizas que dejan pasmado al más pintado. Se interesa por todo, todo le gusta y divierte, siempre está alegre, sonriente, siempre está dispuesta a dar un beso, una mano, un abrazo. La miro y me asombra, me asombra su capacidad de adaptación, su capacidad de olvidar todo lo malo, su capacidad de perdón sin saber que lo ha hecho, su felicidad, su gran sabiduría.
Durante este año Celia ha descubierto infinidad de cosas: los besos; las caricias; que uno se puede enfadar y luego perdonar; que aunque alguien esté enfadado contigo igual te sigue queriendo; que su madre puede salir por la puerta pero no desaparece, siempre vuelve; que los hombres existen y algunos, como su padre, incluso llevan bigote y que el bigote pica; ha descubierto la piscina en verano y la nieve en invierno; la Navidad con sus luces, sus olores, sus comidas, sus regalos, su música; un montón de comidas ricas y diferentes; la televisión, el DVD y la radio; que las niñas llevan braguitas (en China no se las ponían); que es mejor pedir las cosas por favor que montar un pollo por ellas; que hay familias grandes y amorosas como la suya; que viajar en avión puede ser divertido, especialmente si lo haces con 25 vecinos más; y un largo etc.
Todos hemos tenido suerte de habernos encontrado con Celia, porque es una niña extraordinaria, todos hemos tenido suerte y especialmente sus padres.
Pero es que el universo concede a cada uno lo que se merece, y Belén y Fernando se merecen esta niña.
Belén y Fernando están en la cincuentena y llevan muchos años detrás de adoptar una niña, pero ya sabéis lo que son los trámites burocráticos, como para desanimar a cualquiera, pero a ellos no.
Celia es china y tiene 5 años. Hace un año, cuando llegó a Madrid, era un ratoncito asustado, con grandes ojos expresivos que lo observaban todo, ojos tristes, ojos con un ligero tinte de miedo, ojos despiertos y alertas. No comía, devoraba, no lloraba, berreaba, pero ya había aprendido a reírse y su risa siempre ha sido cautivadora. Y ahora, un año después, lo que más hace es reírse. Ya habla español, entiende y se hace entender perfectamente, y tiene unas expresiones castizas que dejan pasmado al más pintado. Se interesa por todo, todo le gusta y divierte, siempre está alegre, sonriente, siempre está dispuesta a dar un beso, una mano, un abrazo. La miro y me asombra, me asombra su capacidad de adaptación, su capacidad de olvidar todo lo malo, su capacidad de perdón sin saber que lo ha hecho, su felicidad, su gran sabiduría.
Durante este año Celia ha descubierto infinidad de cosas: los besos; las caricias; que uno se puede enfadar y luego perdonar; que aunque alguien esté enfadado contigo igual te sigue queriendo; que su madre puede salir por la puerta pero no desaparece, siempre vuelve; que los hombres existen y algunos, como su padre, incluso llevan bigote y que el bigote pica; ha descubierto la piscina en verano y la nieve en invierno; la Navidad con sus luces, sus olores, sus comidas, sus regalos, su música; un montón de comidas ricas y diferentes; la televisión, el DVD y la radio; que las niñas llevan braguitas (en China no se las ponían); que es mejor pedir las cosas por favor que montar un pollo por ellas; que hay familias grandes y amorosas como la suya; que viajar en avión puede ser divertido, especialmente si lo haces con 25 vecinos más; y un largo etc.
Todos hemos tenido suerte de habernos encontrado con Celia, porque es una niña extraordinaria, todos hemos tenido suerte y especialmente sus padres.
Pero es que el universo concede a cada uno lo que se merece, y Belén y Fernando se merecen esta niña.
Belén y Fernando están en la cincuentena y llevan muchos años detrás de adoptar una niña, pero ya sabéis lo que son los trámites burocráticos, como para desanimar a cualquiera, pero a ellos no.
Belén y Fernando tienen otros dos hijos: Cristina de 17 y Fernando de 14. Fernando está en plena adolescencia con todos sus problemas. Y Cristina está con todos sus problemas sin llegar a la adolescencia porque Cristina mentalmente tiene 6 años. Belén y Fernando nunca, nunca, nunca se quejan de esto. Al contrario, a Fernando lo conozco menos, pero Belén siempre está alegre, siempre está dispuesta a ayudar a los demás, siempre tiene palabras de comprensión y apoyo, cada dos por tres organizan reuniones en su casa, y todo con una sonrisa. Los dos disfrutan de sus hijos, de las cosas que hacen, de sus amigos y son un ejemplo para todos. De verdad que no puedo más que quitarme el sombrero ante su ejemplo.
¡Feliz ‘cumple’ Celia!
¡Feliz ‘cumple’ Celia!
2 comentarios:
¡¡Felicidades Celia!!
Que bonito argumento
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