jueves, 26 de febrero de 2009

Las sonrisas

Todas las mañanas que puedo, o sea todas las que no llueve o las que la mochila no pesa un quintal, llevo a María andando al cole. Es un paseo de 15 minutos que disfruto, y yo creo que disfrutamos, mucho. Es un rato para charlar, caminando siempre es más fácil ser confidente, no sé muy bien por qué, un rato para repasar los deberes, un rato de relax.

La vuelta, que hago sola, la aprovecho para planificar el día, para poner en orden mis pensamientos, para pensar en mis sentimientos.

Pero hoy se me ha ocurrido fijarme en la gente con la que me cruzo. Muchos de ellos ya son caras conocidas porque nos cruzamos casi a diario, pero por supuesto son totales desconocidos.

Y hoy he llegado a 3 conclusiones:

1. La mayoría de la gente se siente incómoda si la miras, desvían la mirada rápidamente y aceleran el paso.

2. Casi nadie sonríe. Todos van serios y con caras compungidas. Y pocos, muy pocos, tienen la expresión alegre, ya no digo que sonrían, simplemente ese gesto que hace que se vea que la persona está contenta con su vida. No sé si es diferente a medida que va pasando el día, lo comprobaré alguna tarde. Esto cambia si la gente va en grupo o acompañada, pero se oyen pocas risas y se ven pocas sonrisas igualmente.

3. Si tú sonríes, y si encima miras y observas a la gente sonriendo, entonces la expresión del que te cruzas es de total sorpresa e incomodidad. Da la impresión que están pensando: 'ésta está un poco mal de la cabeza...'. Y a mí hoy nadie me ha devuelto la sonrisa.

Me da pena, porque la mañana es el comienzo de un nuevo día que va a ser largo, y si lo empezamos ya tristes, de mal humor o simplemente sin ganas ¡menudo horror!

Yo hace tiempo que me he propuesto sonreír (y reírme a carcajadas también) lo más posible, es algo que hago y que seguiré haciendo. No me importa cómo me mire la gente, a alguno supongo que al final haré sonreír. Y es que al sonreír, aunque haya veces que no tenga muchas ganas, automáticamente se me levanta el ánimo y me siento mucho mejor. ¡Probadlo! :)

martes, 17 de febrero de 2009

Los Chow celebran las efemérides...

Nos reunimos poco pero cuando lo hacemos lo disfrutamos a tope... ventajas de ser una gran familia!

lunes, 2 de febrero de 2009

29 días

29 días…. 29 días he conseguido estar sin enfadarme, pero… ¡al final he caído! Me ha durado poco, es verdad, apenas unas horas, pero qué mal se pasa. Lo bueno: pensar que he conseguido estar casi, casi un mes sin enfuruñarme. Es una sensación increíble de paz y tranquilidad, es saber que puedo controlarlo, que empiezo a encontrar las herramientas para hacerlo, y quiero seguir así, intentándolo día a día. Sabiendo que no siempre se consigue pero que no pasa nada, que es un aprendizaje. Si caigo vuelvo a empezar el recuento y seguro que esta vez sí llego al mes… o al mes y medio... Ya os lo iré contando…

Celia







Estos días hace un año que Celia llegó a nosotros. Bueno, a sus padres principalmente, pero de rebote a toda la urbanización, porque de alguna forma ha sido ‘adoptada’ por todos y cada uno de nosotros, todos la sentimos parte nuestra.

Celia es china y tiene 5 años. Hace un año, cuando llegó a Madrid, era un ratoncito asustado, con grandes ojos expresivos que lo observaban todo, ojos tristes, ojos con un ligero tinte de miedo, ojos despiertos y alertas. No comía, devoraba, no lloraba, berreaba, pero ya había aprendido a reírse y su risa siempre ha sido cautivadora. Y ahora, un año después, lo que más hace es reírse. Ya habla español, entiende y se hace entender perfectamente, y tiene unas expresiones castizas que dejan pasmado al más pintado. Se interesa por todo, todo le gusta y divierte, siempre está alegre, sonriente, siempre está dispuesta a dar un beso, una mano, un abrazo. La miro y me asombra, me asombra su capacidad de adaptación, su capacidad de olvidar todo lo malo, su capacidad de perdón sin saber que lo ha hecho, su felicidad, su gran sabiduría.

Durante este año Celia ha descubierto infinidad de cosas: los besos; las caricias; que uno se puede enfadar y luego perdonar; que aunque alguien esté enfadado contigo igual te sigue queriendo; que su madre puede salir por la puerta pero no desaparece, siempre vuelve; que los hombres existen y algunos, como su padre, incluso llevan bigote y que el bigote pica; ha descubierto la piscina en verano y la nieve en invierno; la Navidad con sus luces, sus olores, sus comidas, sus regalos, su música; un montón de comidas ricas y diferentes; la televisión, el DVD y la radio; que las niñas llevan braguitas (en China no se las ponían); que es mejor pedir las cosas por favor que montar un pollo por ellas; que hay familias grandes y amorosas como la suya; que viajar en avión puede ser divertido, especialmente si lo haces con 25 vecinos más; y un largo etc.

Todos hemos tenido suerte de habernos encontrado con Celia, porque es una niña extraordinaria, todos hemos tenido suerte y especialmente sus padres.

Pero es que el universo concede a cada uno lo que se merece, y Belén y Fernando se merecen esta niña.

Belén y Fernando están en la cincuentena y llevan muchos años detrás de adoptar una niña, pero ya sabéis lo que son los trámites burocráticos, como para desanimar a cualquiera, pero a ellos no.

Belén y Fernando tienen otros dos hijos: Cristina de 17 y Fernando de 14. Fernando está en plena adolescencia con todos sus problemas. Y Cristina está con todos sus problemas sin llegar a la adolescencia porque Cristina mentalmente tiene 6 años. Belén y Fernando nunca, nunca, nunca se quejan de esto. Al contrario, a Fernando lo conozco menos, pero Belén siempre está alegre, siempre está dispuesta a ayudar a los demás, siempre tiene palabras de comprensión y apoyo, cada dos por tres organizan reuniones en su casa, y todo con una sonrisa. Los dos disfrutan de sus hijos, de las cosas que hacen, de sus amigos y son un ejemplo para todos. De verdad que no puedo más que quitarme el sombrero ante su ejemplo.

¡Feliz ‘cumple’ Celia!